Lino Rivera sigue siendo el Rey Midas

CAGUAS — Desde que tomó la decisión de convertirse en técnico del béisbol, tras una duradera carrera como lanzador profesional, Lino Rivera ha sido un ’rey Midas’ y este invierno no ha sido la excepción.
Apenas días después de ser relevado de sus funciones con los Algodoneros de Guasave en la liga de México, Rivera recibió la encomienda de asumir las riendas de los Criollos de Caguas en el béisbol invernal boricua, reemplazando a su amigo y mentor, Carmelo Martínez, cuando apenas jugaban para 5 -11.

Poco después, sin embargo, el nuevo piloto logró una impresionante transformación de los Criollos, que pasaron de sotaneros a ser el equipo más caliente en la recta final de la serie regular, incluyendo una racha de nueve triunfos al hilo, para finalizar terceros en la tabla de posiciones con marca nivelada de 20-20.

Y ahora está en medio de la serie semifinal B frente a los Gigantes de Carolina, equipo al que llevó a dos campeonatos seguidos en las temporadas 2005-06 y 2006-07, sus primeras como técnico en la Isla. Los Criollos, por su parte, no logran una corona hace ocho temporada, desde el 2000-01, entonces dirigidos por Santos Alomar, padre.

«Viendo ahora esas caras de alegría en el ’clubhouse’ es lo que me llena de felicidad y lo que me da ganas de darle este campeonato a Caguas, que lleva muchos años sin ganar uno», dijo Rivera a El Nuevo Día previo a un reciente desafío en el Estadio Yldefonso Solá Morales de Caguas.

Recordó, asimismo, que el propio Martínez le aseguró que «tarde o temprano este equipo iba a explotar, y no se equivocó». Vale destacar, incluso, que condujo la virazón cagüeña después de un par de temporadas ausentes del béisbol boricua, periodo que aprovechó para establecerse como un respetado mentor en suelo azteca, donde guió a los Leones de Yucatán al subcampeonato en el verano del 2005 y al título un año después.

LIBRE DE EGO
Pero lejos de atribuirse el éxito, parece que prefiere repartirlo. «Primero que nada tengo que darle las gracias a los ’coaches’ (José ’Pito’ Hernández, Dickie Thon, Rafy Montalvo y Pedro López) por hacerme el trabajo fácil, y también a los peloteros. El grupo es excelente… sin problemas de disciplina, y cuando tienes un equipo así, el trabajo se facilita. De mi parte, ha sido cuestión de dejarlos jugar «, comentó Rivera, de 43 años de edad.

«Cuando fui jugador me gustaba llegar bien al parque, en armonía, con un plan de lo que tenía que hacer… y no llegar perdío. Y eso es lo que hemos hecho, repartir roles con mucha comunicación. Eso ha sido lo primordial en este equipo», añadió, al reafirmar que su familia ha disfrutado su exitoso regreso «en medio de tiempos tan difíciles».

Tampoco se considera un ’mesías beisbolero’. «Es una bendición de Dios que me ha puesto en las manos equipos con mucho talento y con un grupo de ’coaches’ que me han ayudado en todo. En ninguna forma pienso que todo se debe a mi trabajo. Lo que tal vez me hace buen ’manager’, si alguien piensa que lo soy, es la buena comunicación y la confianza que tengo en mi gente», expresó Rivera, criado en las Pequeñas Ligas de la urbanización Santiago Iglesias en Río Piedras.

CAMBIO DE ACTITUD
No siempre ha sido así en su trayectoria técnica, que comenzó con los Acereros de Monclova en México en el 2004, antes de asumir el puesto de instructor de lanzadores interino de Carolina a finales del torneo invernal de ese año. En la temporada siguiente asumió la dirección por encomienda del entonces dueño de los Gigantes, el fenecido Benjamín Rivera.

«Al principio en Carolina, especialmente el primer año, era muy hiperactivo, no quería fallar y por ende me ponía muy agresivo, no sólo con los árbitros, sino con presiones a los jugadores, pero ellos mismos me hicieron cambiar para que viera el juego de otra forma, a ser más tranquilo y entender que en este juego se gana y se pierde, viendo las cosas positivamente… todo eso me ha dado mucho resultado», subrayó Rivera, aprovechando para agradecer la ayuda de sus ’coaches’ con los Gigantes (Edwin Rodríguez, Henry Cruz, Gilberto Martínez y Montalvo).

Tuvo que superar, no obstante, la impresión de que por ser lanzador, no podría ser un dirigente exitoso, aparte de que nunca llegó a ser jugador de Grandes Ligas, otro elemento en su contra. O quizás en su beneficio.

«No fui un pelotero con la habilidad que tenían otros y por eso tenía que analizar los bateadores y mi situación. Ese análisis a lo mejor me dio la oportunidad de ver el juego de otra forma, y luego de dirigir. No ha sido fácil porque muchas veces la gente piensa que fui lanzador y no sé de otras áreas del juego, pero por eso me rodeo de gente que me ha ayudado mucho», puntualizó Rivera.

META INCONCLUSA
Aunque ya tiene contrato para volver a Yucatán el próximo verano, también destacó que no tiene obsesivas pretensiones profesionales, sujeto a alguna tentadora alternativa que pueda surgir en el futuro. Su mayor anhelo es «ayudar en el béisbol de Puerto Rico en algún aspecto, en una escuela, donde sea, y lo digo con el corazón».

Su misión este invierno, entretanto, aún no ha finalizado, tras acumular foja de 15-9 hasta el momento en Caguas.

«En Carolina fueron dos años extraordinarios y eso no se puede olvidar. Ahora siento más o menos lo mismo, pero todavía no ha pasado nada. Sabía que íbamos a clasificar y ahora en los ’playoffs’ hay que completar el trabajo. Lo más difícil es ganar el campeonato, y lo que he visto en estos días me huele a campeonato, con el respeto a los demás equipos… me encanta el equipo que estoy dirigiendo», concluyó.

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